Recuerdo antes de entrar a Andorra, en uno de los muchos viajes de mi infancia, un papel que me encontré tirado en la aduana. En aquel papel autocopiativo se leia en los tres idiomas oficiales del principado: Registro de intenciones. No sabía que significaba y creo que tampoco sé que significa ahora pero lo que si sé es que en aquel viaje compramos mi primera bicicleta plegable la cual escondimos en el fondo del arcón del remolque tienda para evitar aduanas que por lo visto sí pagaba.
De aquella bicicleta no guardo ningún buen recuerdo, se le doblaba el manillar, crugía más que una casa vieja y los frenos de tambor deberian haberse llamado frenos de trompeta pues chirriaban más que frenaban. En cuanto tuve oportunidad me cambié a una MTB de supermercado, de esas que han doblado el espinazo a todo aquel nacido después del 75. Como suele decirse por ahi, carne de perro, una bici tan mala como dura, se grapaba al asfalto y en tierra no se agarraba ni con "no más clavos".
Creo sinceramente que esas vetustas bichas de hierro al plomo han hecho aborrecer el ciclismo, sobretodo el urbano, a muchos de los valientes que lo intentaron. Solo tiempo después de serenarse uno, volver a coger ese cariño que nunca se le pierde a la bicicleta y de comprar una de persona civilizada, te das cuenta del placer de pedalear.
Por circunstancias del guión (4º piso sin ascensor) nos hicimos (mi compañera y yo) con dos plegables de aquellas folding del hiper. Todo hay que decirlo, eran feas, pesaban lo suyo, se desplegaban tan mal como se plegaban, dia si dia no había que ajustarles algo. Cuando no era el clin clin clin (pedalier) era el clac clac clac (el guardabarros) o directamente rotrobrotommm (cadena fuera y/o partida). He de agradecer que gracias a su precariedad fui aprendiendo mecánica básica y compleja, a base de palos, las cosas más sencillas y de paso ir adquiriendo herramienta específica. Me consta que de haber comprado un par de caras bicis plegables habríamos tenido menos problemas (o no). Lo que si sé es que el dinero inicial invertido y las reparaciones/sustituciones de material no llegaron, ni de lejos, al monto total de la más ramplonas de las bicis molonas. Y con esas descubrimos el placer de pedalear sentado, de ver todo lo que te rodea tranquilamente, de poder avanzar sin pensar en la vuelta al contar con el transporte público, de prescindir del coche (la vaca sagrada del capitalismo) para todo y al llegar a casa, subirla (no si echar el último resuello). Significó todo un cambio y el anzuelo definitivo para acabar pillados por el mundo folding.
Pero la pena llegó y las ciudades son crueles para las personas y para las bicicletas. Una mezcla de callejón oscuro, candado malo y mucho tiempo hizo que desapareciera la primera de las bicis y una larga estancia en un garaje comunitario unido a un enchufe al lado de la bicicleta hizo el resto con la U de los chinos y la segunda de aquellas folding 08 que también acabó pasto de los ladrones de bicicletas.
Una semana hemos tardado en encontrar las sustitutas y ahora vamos a por la ultraplegabilidad. Somos conscientes de que las bicis son un material fungible y apetecible para los cacos que saben que con dos movimientos pueden meter unos billetes fáciles en su bolsillo por lo que hemos localizado (de segunda mano y legal) un par de las poco conocidas sixteen. Las cosas como son, no somos ni queremos ser adinerados y nuestro presupuesto siempre ha sido y será ajustado en cuanto a bicicletas se refiere. Sabemos que sí, que gastando un buen dinero en algo también de segunda mano podríamos haber conseguido una bici plegable de marca e incluso alguna muy buena, tan buena como apetitosa. El caso es que volvemos a lo de antes, ¿sin pasta y con mucha bici? o ¿con pasta y con menos bici? Ea.
Pues nada, aqui arranca el blog "a bici plegá" poco a poco iremos mostrando rutas y alternativas para escapar de la ciudad con nuestras plegables, descubrir todas las posibilidades que nos permitan nuestras piernas y nuestros vehiculos. Todo desde una postura marcada y sanamente decrecentista. ¿Por qué? Pues porque somos muy conscientes de que la bicicleta es mucho más que un vehiculo, es una forma de entender la realidad que nos rodea, de gritar a cada golpe de pedal que la movilidad ha de ser necesariamente algo ya "no lesivo" sino positivo para el medio y para nosotros mismos. Sabemos que el coche mata directa e indirectamente y hemos decidido no permitirlo más, no por nuestra parte. Tenemos la suerte de vivir en "la millor terreta del món" una llanura aluvial de más de 300 kilómetros cuadrados que linda con macizos calcáreos y parajes absolutamente maravillosos que parecen solo alcanzables con los dichodiosos coches y sabemos que no es verdad. Además tenemos comodín, L'horta Nord está conectada de este a oeste por la linea de metro 7 y de Sur a Norte por la 1 y ambas se aproximan mucho a montes, montañas y sus maravillosas cuevas y simas. Incluso, con sus tremendas deficiencias en horarios y precios, los cercanias de renfe nos podrían acercar a Castellón o a otros valles como el de Xátiva pero de momento todo eso aún está muy lejos.
Por increible que parezca en este mapa de principios del S. XX ya estaban en marcha los trenes borregueros que hoy se han transformado en borreguero metro de Valencia, otros muchos se han perdido pero la esencia perdura. Incluso hay una linea de la EMT que nos llevará en su día al palmar, un entorno de cultura de pescadores milenario en una albufera única en el mundo.
De aquella bicicleta no guardo ningún buen recuerdo, se le doblaba el manillar, crugía más que una casa vieja y los frenos de tambor deberian haberse llamado frenos de trompeta pues chirriaban más que frenaban. En cuanto tuve oportunidad me cambié a una MTB de supermercado, de esas que han doblado el espinazo a todo aquel nacido después del 75. Como suele decirse por ahi, carne de perro, una bici tan mala como dura, se grapaba al asfalto y en tierra no se agarraba ni con "no más clavos".
Creo sinceramente que esas vetustas bichas de hierro al plomo han hecho aborrecer el ciclismo, sobretodo el urbano, a muchos de los valientes que lo intentaron. Solo tiempo después de serenarse uno, volver a coger ese cariño que nunca se le pierde a la bicicleta y de comprar una de persona civilizada, te das cuenta del placer de pedalear.
Por circunstancias del guión (4º piso sin ascensor) nos hicimos (mi compañera y yo) con dos plegables de aquellas folding del hiper. Todo hay que decirlo, eran feas, pesaban lo suyo, se desplegaban tan mal como se plegaban, dia si dia no había que ajustarles algo. Cuando no era el clin clin clin (pedalier) era el clac clac clac (el guardabarros) o directamente rotrobrotommm (cadena fuera y/o partida). He de agradecer que gracias a su precariedad fui aprendiendo mecánica básica y compleja, a base de palos, las cosas más sencillas y de paso ir adquiriendo herramienta específica. Me consta que de haber comprado un par de caras bicis plegables habríamos tenido menos problemas (o no). Lo que si sé es que el dinero inicial invertido y las reparaciones/sustituciones de material no llegaron, ni de lejos, al monto total de la más ramplonas de las bicis molonas. Y con esas descubrimos el placer de pedalear sentado, de ver todo lo que te rodea tranquilamente, de poder avanzar sin pensar en la vuelta al contar con el transporte público, de prescindir del coche (la vaca sagrada del capitalismo) para todo y al llegar a casa, subirla (no si echar el último resuello). Significó todo un cambio y el anzuelo definitivo para acabar pillados por el mundo folding.
Pero la pena llegó y las ciudades son crueles para las personas y para las bicicletas. Una mezcla de callejón oscuro, candado malo y mucho tiempo hizo que desapareciera la primera de las bicis y una larga estancia en un garaje comunitario unido a un enchufe al lado de la bicicleta hizo el resto con la U de los chinos y la segunda de aquellas folding 08 que también acabó pasto de los ladrones de bicicletas.
Una semana hemos tardado en encontrar las sustitutas y ahora vamos a por la ultraplegabilidad. Somos conscientes de que las bicis son un material fungible y apetecible para los cacos que saben que con dos movimientos pueden meter unos billetes fáciles en su bolsillo por lo que hemos localizado (de segunda mano y legal) un par de las poco conocidas sixteen. Las cosas como son, no somos ni queremos ser adinerados y nuestro presupuesto siempre ha sido y será ajustado en cuanto a bicicletas se refiere. Sabemos que sí, que gastando un buen dinero en algo también de segunda mano podríamos haber conseguido una bici plegable de marca e incluso alguna muy buena, tan buena como apetitosa. El caso es que volvemos a lo de antes, ¿sin pasta y con mucha bici? o ¿con pasta y con menos bici? Ea.
Pues nada, aqui arranca el blog "a bici plegá" poco a poco iremos mostrando rutas y alternativas para escapar de la ciudad con nuestras plegables, descubrir todas las posibilidades que nos permitan nuestras piernas y nuestros vehiculos. Todo desde una postura marcada y sanamente decrecentista. ¿Por qué? Pues porque somos muy conscientes de que la bicicleta es mucho más que un vehiculo, es una forma de entender la realidad que nos rodea, de gritar a cada golpe de pedal que la movilidad ha de ser necesariamente algo ya "no lesivo" sino positivo para el medio y para nosotros mismos. Sabemos que el coche mata directa e indirectamente y hemos decidido no permitirlo más, no por nuestra parte. Tenemos la suerte de vivir en "la millor terreta del món" una llanura aluvial de más de 300 kilómetros cuadrados que linda con macizos calcáreos y parajes absolutamente maravillosos que parecen solo alcanzables con los dichodiosos coches y sabemos que no es verdad. Además tenemos comodín, L'horta Nord está conectada de este a oeste por la linea de metro 7 y de Sur a Norte por la 1 y ambas se aproximan mucho a montes, montañas y sus maravillosas cuevas y simas. Incluso, con sus tremendas deficiencias en horarios y precios, los cercanias de renfe nos podrían acercar a Castellón o a otros valles como el de Xátiva pero de momento todo eso aún está muy lejos.
Por increible que parezca en este mapa de principios del S. XX ya estaban en marcha los trenes borregueros que hoy se han transformado en borreguero metro de Valencia, otros muchos se han perdido pero la esencia perdura. Incluso hay una linea de la EMT que nos llevará en su día al palmar, un entorno de cultura de pescadores milenario en una albufera única en el mundo.

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